viernes, 12 de abril de 2013

Ay, si fuera al revés…


Cuando surge cualquier tipo de noticia relacionada con la corrupción que afecte a miembros (o miembras) de un partido que no sea el Popular, el desarrollo de los sucesos es siempre el mismo: primero alegarán desconocimiento de los hechos, luego dirán que se trata de un error y finalmente clamarán que es todo una campaña por la que el adversario político (siempre la derecha, claro) busca conseguir por otros medios lo que los votos no le ha dado (sí, exactamente lo mismo que ellos no tienen empacho en proclamar, apelando a la voluntad popular).
Algunos me dirán que ocurre exactamente lo mismo cuando el salpicado por el escándalo es un político del Partido Popular. Es cierto, pero con un pequeño matiz: si el político es del partido de la gaviota, la izmierda azuzará a las masas y a los medios contra el salpicado; mientras que el Partido Popular, quizá por decencia, quizá por maricomplejines, nunca ha hecho semejante cosa (y mira que ha tenido ocasiones…).
Eso sí, cuando uno cree haberlo visto todo en materia de desfachatez a la hora de aprovecharse del dinero público (que, al fin y al cabo, no es de nadie, como dijo Carmen Pixidixit Calvo), siempre llega alguien que te sorprende. ¿La última, de momento? Pues esa portavoz municipal del PSOE que, año tras año, ha cargado el importe de sus trajes flamencos al presupuesto del Ayuntamiento al que pertenece.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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