domingo, 29 de septiembre de 2013

Triste, pero cierto

Vladimir Putin, como buen autócrata, tiene la costumbre de decir lo que piensa, y allá luego con las consecuencias. A propósito del juicio a Silvio Berlusconi por, entre otras cosas, corrupción de menores, el ruso ha dicho que si hubiese sido gay nadie le habría puesto un dedo encima.
No estoy yo tan seguro, de todos modos: la lascivia de Berlusconi es el medio empleado para ponerle entre rejas o, al menos, apartarle de la primera línea política, al igual que la evasión de impuestos lo fue en el caso de Al Capone. Pero a Berlusconi se le demoniza (ojo, que no estoy diciendo que sea un angelito, ni mucho menos) por ser de derechas, no por ser un pendón heterosexual. La prueba es que la progresía internacional carga contra los casos de pederastia en el seno de la iglesia (católica, por supuesto), pero no parece estar en contra de las relaciones homosexuales con o entre menores, a tenor de los contenidos de la educación para la ciudadanía, por ejemplo.
Otro caso es el de Guido Barilla, que ha señalado que en sus anuncios no aparecen familias homosexuales porque no estamos de acuerdo con ellos. La nuestra es una familia clásica en la que la mujer desempeña un papel fundamental. Evidentemente, todo el lobby homosexual, olvidando el derecho a la libertad de expresión, de pensamiento y de empresa, ha promovido un boicot contra los productos de este señor…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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