lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Crónica de una muerte anunciada?

Cuando doña Rojelia ascendió a la alcaldía de la Villa y Corte le comenté a mi padre que no las tenía yo todas conmigo acerca de que fuera a terminar la legislatura encaramada a lo más alto del consistorio municipal. Y no porque, a pesar del precio que las tensiones inherentes a semejante cargo pueden provocarle a alguien de su provecta edad, fuera a llevársela la Parca, sino porque podía acabar descabezada hasta por sus propios conmilitones (o, dado que ahora dice que no es ni ha sido nunca comunista, por sus propios compañeros de bancada).
Sin embargo, ahora pienso que lo mismo no llega ni a final de año. Y es que la mayoría que la sustenta es tan exigua –de verdad, estoy esperando que se despiste y diga algo como los madrileños han votado por el cambio para que Esperanza Aguirre, que no tiene pelos en la lengua, le dé un ¡zas, en toda la boca! y le diga que son muchos más los madrileños que no quieren que gobiernen los neocom que los que sí, o que los que no quieren que gobierne el Partido Popular; que han sido los segundos más votados, vamos, no los primeros- que bastaría que un solo concejal cambiara el sentido de su voto –y con los resquemores que anidan en la sección capitalina de la federación socialista madrileña, no sería de extrañar- para que la antigua juez desahuciadora cogiera el Metro de vuelta a su casa, de donde no debió salir (al menos, no en dirección al Palacio de Comunicaciones).
Esperanza Aguirre, que de tonta no tiene un pelo y que tiene un gran instinto político (quién lo hubiera dicho, cuando comenzó de concejal de medio ambiente hace casi un cuarto de siglo) ya ha ofrecido al defenestrado Carmona un pacto para dar la alcaldía a Ciudadanos, sin contar con el PSOE. Prueba de que a ella no le mueve la ambición personal (o, al menos, que está dispuesta a lo que sea para dar esa impresión), ha reiterado que el Partido Popular votará al candidato que goce de mayor consenso.
Candidato que, en el momento actual, y tras tres meses y medio escasos en el puesto (no diremos que ejerciendo de alcalde, porque casi la mitad de ese tiempo se lo ha pasado de vacaciones… lógico, la mujer ya tiene una edad y no está para según qué esfuerzos) no parece ser la antigua abogada laboralista (porque eso sí que lo fue… ¿o no?).

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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