martes, 27 de septiembre de 2016

La abuelita ya chochea

Suele decirse que a los presidentes del Gobierno de España tras la muerte del general Franco les afecta el llamado síndrome de la Moncloa, por el que el citado palacio ejerce una suerte de maléfico embrujo sobre la persona de su ocupante principal, embrujo que le induce a creerse infalible e indispensable.
Visto lo visto, quizá habría que ir pensando en acuñar el término síndrome de la Cibeles, que nada tiene que ver con la fuente a la que los aficionados merengues acuden cuando de celebrar un título de su equipo se trata y sí mucho con el palacio cuya fachada a esa plaza y que actualmente es la sede del consistorio de la Villa y Corte.
La primera persona a la que la dolencia parece haber afectado es la actual primera edil (primera edila dirían los progres encabezados por la Bibi) madrileña, a tenor de lo que cuenta en su libro de memorias. Claro que, vistas (y oídas) las sandeces que ha venido diciendo hasta este momento, tampoco es que hubiera demasiado sentido común e inteligencia que echar a perder, la verdad.
Repasemos. Dice esto:
Me pesó que Aguirre se presentara. Me sentí responsable. Tenía que tratar de romper el engranaje sombrío y gris de una gestión conservadora y poner fin a innumerables casos de corrupción.
Es decir, esta señora se considera poco menos que el ombligo del mundo. No queda del todo claro si cree que era responsable de que Esperanza Aguirre se presentara, o se creía la única capaz de evitar que tras ser ministra, presidente del Senado y presidente de comunidad autónoma, fuera también alcaldesa.
También dice que durante la campaña tuvo muchas diferencias de enfoque con Rita Maestre (…) una joven activista maravillosa, que muy bien podría haber sido la candidata a la alcaldía (que Dios nos pillara confesados) si ella no hubiera asumido el reto. Igualmente, se muestra sorprendida por la buena acogida que tuvo su campaña por los barrios, en la que trató de alejarse de los mítines políticos porque le recuerdan a los sermones dados por curas sectarios. Tampoco queda claro si los que se libran son los curas no sectarios (suponiendo que una sectaria como doña Rojelia contemple su existencia) o los sectarios no curas (como ella). Probablemente sea lo segundo.
Finalmente, señala a Aguirre y dice:
La parte más ingrata de la campaña fueron los ataques personales y sin piedad de Aguirre, la arrogante candidata del PP, en los debates en televisión, que inclinaron la balanza en mi favor.
Se ve que cuando Sebastián fue candidato a la alcaldía, el sacar (presuntos) trapos sucios del candidato popular (por el que tampoco es que yo sienta la mayor simpatía) fue el colmo de la elegancia y el fair play. En cuanto a lo de inclinar la balanza en su favor, si el quedar segundo es eso, pues nada, para ella la perra gorda.
Anda que…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!


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