domingo, 13 de junio de 2021

Adamantina la faz

Los políticos españoles de izquierdas -algún lector habrá que pensará y los de derechas, ¿qué?; pero este es mi blog, y atizo a quien me place- nunca se han caracterizado por tener un excesivo pudor.

Es decir, que perpetran las mayores tropelías -políticas o legales- y mantienen el gesto impávido; dicen tonterías de tamaño joviano, y no se les mueve ni un pelo de las cejas; colocan a quien quiera colocar donde quieran colocarle, y no se les eriza el vello más nimio.

Tomemos el caso del director del Centro de Investigaciones Sociológicas -habría que cambiar la ese a Socialistas, visto el sectarismo que exhibe-, paradigma acabado de lo que acabo de señalar. Este militante socialista, que no vio nada reprobable en pasar de la ejecutiva del partido a jefatura de un organismo tan sensible políticamente con es el CIS (claro, que teniendo en cuenta que la ninistra de Injusticia no vio nada raro en pasar a ser, ipsoflautamente, fiscal general del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, de qué extrañarse), no sólo ha cambiado el modo de cocinar los datos en bruto de las encuestas para que, vez tras vez, favorezcan a su capo (a pesar de que posteriormente la realidad, testaruda ella, hagan que parezcan la chapuza de un aficionado, tal es la divergencia con lo que finalmente acaba ocurriendo); no sólo hace las preguntas que convienen a su señor, cuando le convienen y orientando la contestación del modo que más le conviene; no sólo continúa haciendo encuestas una vez que la Ley prohíbe (stulta lex, sed lex) darlas a conocer (lo que, si nos la cogemos con papel de fumar, podría caer, como poco, dentro de la malversación de caudales públicos); no sólo insulta y descalifica a los votantes de una determinada opción política (nada casualmente, no la suya).

No sólo todo eso, que ya es bastante. Es que, además, cuando se le señala lo poco fiable de sus encuestas, admite que él erró (dice el CIS, pero ya sabemos que el organismo hace lo que el organizador le manda que haga) y dice que no es adivino. Lógico: porque los adivinos, por malos que sean, dicen las cosas de un modo tan general que logran acertar, siquiera de refilón.

Tenazas, ni eso.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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