sábado, 5 de junio de 2021

Vieja nueva política

Hace menos de diez años, dos formaciones políticas -una más que la otra, como ya diré- surgieron en España como reacción contra lo que llamaban la vieja política. La consecuencia más inmediata fue que acabaron con el bipartidismo -de modo definitivo, según bastantes; yo soy más escéptico, porque para siempre es mucho tiempo-; la más a largo plazo… que todo cambió para que, al final, todo siga más o menos igual.

Por la izquierda del PSOE surgió Podemos. Más que un partido al uso, era una amalgama de formaciones que lo único que tenían en común eran sus raíces comunistas; más allá de eso, cada una atendía a sus propios intereses particulares. Lo único que mantenía unida a la formación -y no tanto, recordemos la proliferación de portavoces parlamentarios cuando entraron en el Congreso de los Diputados-, además de la mugre corporal de gran parte de sus representantes (lo siento, pero la ocasión era demasiado buena como para dejarla pasar), era el ansia por alcanzar el poder y la férrea dirección de lo que al principio parecía ser un grupito de revolucionarios de salón (profesores universitarios, niñas bien…) y que al final resultó ser la ambición desbocada de un individuo con un ego inversamente proporcional a su inteligencia.

Cuando este sujeto se cortó (políticamente) la coleta, sucedió lo que sucede siempre en todas las dictaduras comunistas -no nos engañemos: pese a las apariencias, la forma de dirigir la formación neocom era cualquier cosa menos democrática- cuando desaparece el dictador que mantenía a todos atemorizados: que los sucesores se pelean por alcanzar el poder. Y en esas estamos, porque el Chepas se marchó dejando nominada como sucesora a Begoño II -que ni siquiera pertenece a los mil y un tontos del partido-, pero el núcleo que rodeaba al líder se activó en torno a la que sería sucesora natural para controlar a la designada.

Por la derecha del PSOE -o a la izquierda del PP- surgió Ciudadanos. Al principio era una reacción contra la deserción del bando constitucional de las sucursales regionales catalanas de los partidos nacionales, léase PP y PSOE, porque los comunistas nunca estuvieron por la tarea de defender a España (y los catalanes, menos). Parecía, pues, una especie de versión renovada de UPyD, a los que -subiendo los naranjas, bajando los magenta- incluso ofrecieron integrarse en una única formación, opción que fue descartada por la líder magenta (los partidos españoles siempre han sido muy personalistas, y sus líderes no suelen andar escasos de orgullo).

A punto de sobrepasar al PP, los pomelos fueron devorados por su propio éxito. Probablemente, nadie entienda que puedan llegar a apoyar al PSOE en general, y al sanchismo en particular, por lo que su pérdida de base electoral ha sido continua e imparable. Y tras la fallida campaña de mociones de censura -dos derrotas, una victoria y una anulada porque la censurable fue más lista o más rápida)-, la cosa se ha agudizado, y hace un mes se les escapaban otros cuatro parlamentarios regionales, esta vez en Valencia.

Y habían venido a cambiar la política, decían…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: