lunes, 13 de junio de 2022

Cuesta abajo y embalaos

Con relativa frecuencia he dicho, refiriéndome al PSOE, que el poder -el afán por conseguirlo y el ansia por seguir detentándolo- es la argamasa poderosa que mantiene unida a la formación, y que cuando se agiganta la posibilidad de perderlo salen a la luz las luchas intestinas y las puñaladas traperas.

Naturalmente, semejante afirmación es predicable de la mayor parte de las formaciones políticas, dentro y fuera de nuestras fronteras, aunque forzoso es reconocer que pocas de ellas han culminado la metamorfosis desde la oruga del partido político a la mariposa (¿polilla?) de la máquina de ganar elecciones en que se ha convertido la formación creada por Paulino Iglesias.

La criatura de su tocayo, en cambio, ha empezado a disgregarse mucho antes. En parte, porque no dejaba de ser un totum revolutum, una macedonia de ideas, un potaje de tendencias, una ensaladilla rusa de confluencias, mareas, círculos, grupúsculos y asociaciones que sólo mantenía unida, además de la antedicha argamasa, el puño de hierro de su Lenin de claustro con coleta.

Cortada esta última, y en proceso de meteorización la primera, los que abominamos del comunismo no podemos sino regocijarnos del lamentable espectáculo que la extrema izquierda ha demostrado al Sur de Despeñaperros: obligados a remendar con alfileres la unidad que antes disfrutaron y que los personalismos de unos y otros condenaron, las jugadas sucias son tan cutres como no presentar la documentación electoral a tiempo para dejar fuera a los que ahora detestan y antes abrazaban.

Suma (que diría Egolanda) y sigue… hacia el desastre final, no por menos merecido demasiado retardado.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: