lunes, 26 de septiembre de 2022

No hay más preguntas, señoría

Hace cosa de mes y medio -cómo pasa el tiempo, ya nadie se acuerda del tema-, saltó a la primera plana de los medios de comunicación un video de la primera ministra de Finlandia -además de mujer, joven- en el que aparecía bailando desinhibida en una fiesta privada.

Inmediatamente, la opinión pública se dividió en dos bandos (no digo que numéricamente parejos): los que la criticaban, señalando que un político -y menos un primer ministro- no tiene vida privada, y los que afirmaban que se la criminalizaba, o se cargaban más las tintas, por el hecho de ser una mujer joven. Hasta qué punto llegarían las cosas, que la susodicha tuvo que salir a declarar que no había tomado drogas, e incluso hacerse un análisis para demostrarlo.

Sin entrar en el fondo del asunto -aunque estoy más cerca de los que piensan que una figura pública, en tanto lo sea, no tiene vida privada-, tan malo es lo que dicen las feministas, que se la criminaliza sólo por ser mujer, como lo que hacen ellas, que es disculparla implícitamente precisamente por ser mujer.

Y yo digo, ¿serían tan comprensivas de ser un varón el juerguista?

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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