sábado, 10 de septiembre de 2022

Proceso al proceso (427)

Sé que me repito más que el ajo, pero es que es verdad: España es lo único que los secesionistas catalanes odian más que a ellos mismos (cada grupúsculo a los demás, quiero decir). Si no existiera España, tampoco existiría el secesionismo catalán, porque las distintas facciones se habrían destrozado las unas a las otras.

Naturalmente, España no les puede dejar hacer, manteniéndose a un lado, mirando cómo se despellejan, porque ellos aprovecharán -están aprovechando, no con la tolerancia, sino incluso con la anuencia del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer- para destrozar España en el ínterin.

Sin embargo, si pudiera encerrárseles en una burbuja, el espectáculo estaría asegurado. Tomemos un ejemplo: ahora, los que cortan el bacalao en la esquinita son los ierreceos, mientras que los jotaporcatos no se comen un colín, ni en Figueras ni en Waterloo. ¿Qué hacen, pues, las juventudes del partido de Cocomocho y de la dimitida presidente de la asamblea legislativa regional? Pues tildar de traidor y de enemigo del pueblo a la cabeza del consejo de gobierno, ese político cuyo apellido delata los orígenes históricos de la región.

Lo dicho, para desdidimarse si no nos fuera la vida en ello.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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