Cuando un artista trabaja, literalmente, por amor al arte puede permitirse el lujo de hacer lo que le dé la gana.
Pero si trabaja porque alguien le paga, tiene
que dejar de lado sus convicciones. Tiene que plegarse a los deseos de quien le
ha encargado la obra, puesto que ha dejado de ser un artista y se ha convertido
en un asalariado. Eso, salvo que entienda que lo que se le ha encargado vaya contra
sus convicciones y anteponga éstas al dinero.
Por eso, no entendí el titular que decía que
había indignación por la elección de ciertos escultores -que no profesan
o no viven la fe católica- para el templo de la Sagrada Familia, preguntándose si
no había artistas católicos. Quizá sí los haya, pero quizá no sean lo bastante
buenos, o lo bastante baratos.
Cosa muy distinta es cuando estos artistas son, directamente, anticatólicos. Porque ¿cómo cabe considerar a alguien que ha participado como jurado en un concurso para resignificar una basílica católica?














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