Este volumen es, al menos de momento, uno de los más descaradamente ideológicos de toda la saga.
No voy a entrar en si esa ideología cae
dentro del objetivismo de Ayn Rand, como han señalado algunos autores… entre
otras cosas, porque no tengo ganas de ponerme a comprobarlo. Pero hasta para
alguien tan poco dado a hacer segundas lecturas como un servidor es evidente
que las arengas que Richard dirige a los bandakarianos sobre que deben luchar
para oponerse al mal, puesto que es inútil intentar aplacarlo con lo que
podríamos llamar no violencia, vienen a ser un trasunto de los pensamientos del autor.
Un elemento curioso, común a otros libros de la serie, es que los personajes tan pronto tienen nombres corrientes (en inglés), del estilo de Owen o Nicholas, como otros completamente inventados.

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