jueves, 25 de agosto de 2011

Esperpentos

Un rasgo característico de los políticos de izquierdas es que carecen de las más elementales normas de urbanidad. Desde Pilar Rahola llamando ciudadano Borbón a Su Majestad el Rey, hasta los sindicalistas omitiendo la corbata en actos oficiales o solemnes (aunque, como ya he dicho, sería difícil encontrar una de la talla de Cándido Méndez).
Este mismo rasgo puede predicarse de sus parejas, cónyuges o como quiera llamárselos. Ya en tiempos de la no tan jóvena Carmen Romero, era habitual que ella no acudiese a los actos oficiales en los que participaba su marido, el Presidente del Gobierno, y en los que cabría esperar la presencia de la susodicha. A cambio, nada impedía a sus hijos colarse en los viajes oficiales con cargo al erario público.
Por ello, no me he sorprendido, aunque sí he sentido un cierto desagrado, cuando he leído la noticia de que doña Gorgoritos no acompañó a su marido a la audiencia con el Papa. Por cierto, que cuando lo leí me vino a la cabeza una idea malvada: pues menos mal que no ha ido ni ha llevado a sus hijas, que lo mismo el Papa les hacía un exorcismo...
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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