miércoles, 24 de agosto de 2011

Mamarrachos

En alguna parte he oído que, tarde o temprano, las consecuencias de los pecados recaen sobre el pecador. Y si hay un pecado que retrata a los nacionalistas catalanes, ese es el de la soberbia. Esa manía de creerse más que los demás, de pensar que son el ombligo del mundo, que el resto de España no vale una mierda... Viene esto a cuento de las declaraciones de la vicepresidenta del gobierno de Arturo Más (desde ahora, Arturito Menos) tras la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid. En efecto, la buena señora critica a la Conferencia Episcopal por (agárrate, que vienen curvas) haber excluido a Cataluña  de los actos de dicha Jornada.
Dudo mucho que la buena señora (ruego me disculpe si la llamo señora, pero como diría Julius Groucho Marx, es que no la conozco lo suficiente) llegue algún día a leer estas líneas, y llegado el caso estoy seguro de que mis razonamientos serían incapaces de penetrar su caletre, pero voy a intentarlo.
La Jornada se ha celebrado en Madrid como se podía haber celebrado en Vitigudino. Si Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón estaban allí era, además de por su condición de católicos (al menos, de palabra), por ser las máximas autoridades de la ciudad y la Comunidad Autónoma en la que tenían lugar los actos. Las demás autoridades que estuvieron por allí (don Josefiño, por ejemplo) acudieron porque quisieron. Lo que pasa es que los nacionalistas catalanes se creen el ombligo del mundo y con derecho a todo, y no se percatan de que son más bien algo que sale de un poco más abajo y bastante más atrás...
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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