Soy un pesado, lo sé, pero es que hay dos maneras de hacer las cosas: la de la izquierda y la correcta.
En Nueva York, la llegada a la alcaldía de un
socialista musulmán -bonita combinación de intolerancia, fanatismo, terquedad y
prejuicios- alegró a los giliprogres del mundo entero, que afirmaron que
ahora sí se vería cómo hay otra manera de hacer las cosas.
Y bien que se ha visto. Como las promesas
salen gratis -especialmente las que se realizan en campaña electoral-, Mandani
prometió un control de los precios del alquiler en la Gran Manzana. ¿El
resultado? Una subida del siete por ciento… y no lleva ni nueve meses en el
puesto.
Un poco más abajo, en Ecuador, la situación
es diametralmente opuesta: en el último lustro los precios de la vivienda
apenas han subido en términos reales (es decir, descontada la inflación), y hay
un exceso de oferta sobre la demanda.
No es de extrañar que la izquierda española se aferre a la primera estrategia y repudie enérgicamente la segunda. Así nos va… y así nos irá, si no cambian las cosas.

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