Una de las cosas que más me chirrían -y en las que baso la mayoría de mi estrategia en las escasas controversias en las que accedo a participar (me refiero a las cara a cada)- es la existencia de contradicciones en el discurso de mi interlocutor (también me chincha bastante cuando me las descubren a mí, para qué nos vamos a engañar).
Con ocasión de la invasión de Ceuta por parte
de Marruecos (una invasión como no se ha visto otra en la Historia,
probablemente, puesto que los invasores eran casi tantos como la población
invadida) hemos tenido cumplido ejemplo, por parte de algunos de los miembros
(teóricamente) más cualificados del desgobierno socialcomunista que tenemos la
desgracia de padecer, de lo que acabo de decir.
Pare empezar, la niniztra de Defenza,
Madgadita Doblez, se contradijo a sí misma cuando culpó a las redes sociales de lo que denominó asalto espontáneo, al tiempo que afirmaba
que no se podía evitar.
En primer lugar, si intervienen las redes sociales
hay una preparación, una coordinación, una premeditación: en resumen, una falta
de espontaneidad. Sin querer, la Hormiga Atómica reconocía que era algo
planeado, en absoluto improvisado.
De ahí se deduce que la cosa se podía haber
conocido con anticipación. De hecho, si hacemos caso a las fuentes de los
servicios españoles de inteligencia, la cosa se conocía con anticipación. Y si
algo se sabe de antemano, y se pretende evitar que ocurra, lo que se hace es
poner los medios necesarios para que ese algo no suceda. El que la razón de que
no se aprestaran los medios sea la inepcia, la desidia o la malicia es otro
asunto que no corresponde a esta entrada.
Y luego está la eterna trifulca entre los dos
supervivientes más significados del primer gabinete del psicópata de la Moncloa
(el tercero mantiene un nivel acorde con su apellido, y quizá por eso es por lo
que sigue en el puesto), que son ambos exmagistrados y que no se ponen de
acuerdo ni para echar balones fuera. Según ella, el CNI dio aviso de lo que se avecinaba (aunque fuera inevitable, de acuerdo con lo señalado anteriormente); según él, naide dijo ni mu.
Ya lo dicen los Evangelios: una casa dividida contra sí misma no puede permanecer en pie.

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