En general, tanto en la vida como en internet -ya sea en este blog o en las redes sociales- acostumbro a responder con rapidez, con inmediatez.
Ojo, que esto no quiere decir sin pensar. Mis
procesos mentales son rápidos, pero son. Lo que pasa es que, habitualmente, no
reflexiono demasiado, sino que voy en modo más o menos automático a la
respuesta adecuada. Pero pienso.
Y esto es así porque, habitualmente, me veo
metido en conversaciones en las que la otra parte no piensa: o bien suelta
consignas como un loro, o busca pincharme. Y la cosa no merece el esfuerzo de
parar y discurrir.
Sin embargo, hace mes y medio me vi metido en
una conversación en la que sí tuve que pensar con calma. La otra parte
planteaba preguntas con verdadero interés, buscando mi opinión para formar la
suya, y no persiguiendo imponerme ésta. Como variación, fue agradable.
Naturalmente, no ha vuelto a repetirse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario