lunes, 24 de marzo de 2014

Adolfo Suárez


Ayer falleció Adolfo Suárez González, primer presidente de la democracia. Como el título de la novela de García Márquez, fue la crónica de una muerte anunciada, desde que el Viernes su hijo anunciara que le quedaban apenas cuarenta y ocho horas.
En España es corriente poner por las nubes a cualquier fallecido, aunque haya sido un hijo de siete padres. En eso, como en tantas otras cosas, yo no parezco español: si pongo a parir a alguien en vida (caso del genocida de Paracuellos, por ejemplo), seguiré haciéndolo una vez esté criando malvas.
En relación a Suárez, no tengo demasiado malo que decir. Cuando tuvo responsabilidades de gobierno yo era todavía muy pequeño (dimitió cuando yo tenía doce años), así que no fui consciente de la importancia de su figura y su tarea hasta tiempo después, cuando pude apreciar las cosas con conocimiento, criterio y perspectiva. En cualquier caso, mi valoración se resume en lo que le he repetido a mi padre este fin de semana a propósito del tema, con el difunto todavía vivo: no sería un hombre de Estado –en ese sentido, Fraga lo era indudablemente más- ni alguien especialmente brillante, pero fue el hombre oportuno en el lugar y el momento correctos. Con otros, igual la cosa no habría salido tan bien…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: