martes, 2 de junio de 2015

De lógica resoluta

El concepto de igualdad es entendido de distinta manera por la derecha y por la izquierda.
La derecha considera que la igualdad consiste en una igualdad de oportunidades, esto es, en una no discriminación: sería el concepto que viene recogido en la Constitución Española de 1.978, cuando establece en su artículo 14, creo que es, que todos los españoles son iguales ante la Ley sin que pueda establecerse discriminación alguna.
La izquierda, en cambio, tiene un concepto mucho más drástico de la igualdad: todos han de ser iguales, nadie puede ser distinto. Y como es imposible, valga el símil, hacer más altos a los bajitos, la igualdad de la izquierda consiste en igualar por abajo.
Vemos así como, aplicando a la larga el concepto de la derecha, la cosa tenderá a ir mejorando; mientras que aplicando el concepto de la izquierda, la cosa no hará sino empeorar. Trasladando esto al mundo de las becas, la izquierda aplica el sistema de becas para todos, sin importar el rendimiento académico de los beneficiarios (al fin y al cabo, como dijo aquélla, el dinero público no es de nadie); la derecha, en cambio, establece unos requisitos mínimos que deben ser alcanzados si se desea seguir disfrutando de esa ayuda a la formación.
Cuando el ministro Wert implantó el sistema de becas por remidimiento, todo el progretariado se le echó encima bramando contra ese elitismo de la derecha (no recuerdo si se empleó ese término, pero conociendo la escasez retórica de la izmierda española, no me extrañaría lo más mínimo). Ahora, el Supremo, tan criticable y tan criticado en tantas otras cosas, ha avalado el sistema de Wert.
Como en el caso de la privatización de la gestión sanitaria en la comunidad autónoma de Madrid, ha quedado demostrado que izquierda y demagogia (recuérdese, aquello que consiste en decir cosas que se sabe que son falsas a gente que se sabe que es idiota) van de la mano en esta piel de toro.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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