viernes, 5 de junio de 2015

La pela es la pela

La manera de asegurarse que se cumpla la Ley no consiste tanto, creo yo, en penas de privación de libertad; no, al menos, en el caso de los poderosos o pudientes. Con triquiñuelas legales y las pamemas del paternalista sistema penal español, se librarán de cumplir la pena, total o parcialmente (y, si no, que se lo digan a los terroristas, violadores, asesinos y demás beneficiados de la anulación de la Doctrina Parot).
No, la manera de asegurarse de que no volverán a delinquir es darles donde más les duele. En el bolsillo. Esto es especialmente cierto en el caso de los catalanes, los agarraos por antonomasia de la piel de toro. Tanto lo son, que hasta para sus proclamas secesionistas hacen alusión, sobre todo, al vil metal (recordemos el España nos roba, frente al que palidencen las sandeces de ser una nación milenaria o que prácticamente todo el mundo mundial, de Adán en adelante, era catalán, o al menos tenía un pariente en Mollerusa o en Casteldefells (que no sé en qué parte de Cataluña caen exactamente, pero que son los dos primeros nombres que me han venido a la cabeza al escribir esta entrada).
A lo que iba. Un alcalde secesionista ha sido condenado a pagar, de su bolsillo (ahí sí que duele), mil quinientos euros por haber colgado la estrellada. No es que sea mucho, pero todo es empezar.
A ver si se estrella de verdad, el desgraciado.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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