lunes, 17 de enero de 2022

Menos lirili y más lerele

En política, como en casi todos los órdenes de la vida, hay dos maneras de hacer las cosas: la correcta y la incorrecta. No en el sentido de que una sea ontológica o inherentemente buena y la otra sea mala, sino en el de que una produce resultados que podríamos considerar como buenos o beneficiosos (en general), y la otra no.

En política, y desde mi punto de vista, la buena sería la liberal y la mala la intervencionista. No voy a decir que la buena sea la de derechas (aunque podría), pero sí que la de izquierdas es la mala: en su afán por regularlo todo, con frecuencia llevan a la sociedad al desastre.

En la comunidad de Madrid ya pasa del cuarto de siglo el tiempo que lleva gobernando la derecha; en general, con figuras que se declaran a sí mismas, si se declaran algo, como liberales. Buena muestra de este talante es que el año pasado se despidió con una simplificación administrativa vía desregulación normativa, a través de una Ley Ómnibus que mejoraba o derogaba cuarenta y cinco normas.

Eso es gobernar pensando en la gente, y no lo que hace la izmierda.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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