jueves, 7 de septiembre de 2023

Proceso al proceso (504)

Cocomocho es, o parecía ser, una de esas personas que, como dice un amigo mío, se cree mierda y no llega a pedo, pero que las circunstancias hacen que enloquezca y se venga arriba.

Fue elegido casi de rebote, como mal menor ante la posibilidad de que el polluelismo perdiera el poder al negarse los Clicks Unidos de Playmobil a apoyar la candidatura de Arturito Menos para la presidencia del consejo regional de gobierno.

Cuando se celebró el butifarrendum II y la declaración de independencia de la república que nunca existió, el susodicho tenía dos opciones: aguantar el tipo e ir al trullo, o salir por patas para que lo le atraparan. Eligió la opción menos gallarda, y se fugó camino de Waterloo escondido en el maletero de un coche.

Desde allí se ha dedicado, básicamente, a intrigar y tocar los dídimos, tanto a sus compañeros de secesión (el bleferóptico con sobrepeso y el resto de los ierreceos) como al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.

Y ahora, cuando la investidura del psicópata de la Moncloa parece depender exclusivamente de sus votos -la gente parece no darse cuenta de que en el potaje están también los asesinos vascos de ultraizquierda y el resto de enemigos internos de España-, Cocomocho ha desmantelado la asamblea del consejo de la república, su juguete de presidente en el exilio (si José Tarradellas levantara la cabeza… porque la comparación ofende), para tener las manos libres y seguir enredando.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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