No sé en otros países -aunque lo del Yes, we can ya nos da una pista-, pero en España los mensajes de los políticos de una y otra laya no son como para tirar cohetes en cuanto a su altura intelectual.
Apelando a los sentimientos más que a la razón,
discursos y eslóganes buscan más galvanizar a los propios que convencer a los
ajenos… que, de todos modos y dada la polarización en lo que llevamos de siglo
-nos conviene que haya tensión, dijo el bobo solemne-, ya están de
salida predispuestos a no dejarse convencer.
Pero, aún así, en la izquierda (admito sesgo
de confirmación) española se ha caído en una ñoñería, una simpleza, un
infantilismo en suma, que produce sonrojo ajeno, ya sea por la ingenuidad propia
que destilan o la estulticia ajena que parecen presuponer.
Y en éstas te encuentras con el psicópata de
la Moncloa, perito en embustes y doctor en bajadas de pantalones, que se
permite sermonear a la OTAN -una organización militar, conviene no olvidarlo-
rechazando la disuasión nuclear y exigiendo un rearme moral.
Consejos vendo, que para mí no tengo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario