Algo que los dos partidos de la derecha española -me refiero a los dos que importan- deberían tener muy claro, y parecen olvidar, es que el verdadero enemigo no es el otro rival político (que es eso, un rival), sino el partido de la mano y el capullo y, más concretamente, el psicópata de la Moncloa que lo pilota.
Por eso, es de celebrar que el Partido Popular impidiera que el PSOE coartara los derechos de Figaredo como diputado. En
efecto, el parlamentario de Vox pidió votar de forma telemática por permiso de
paternidad, para a continuación irse a un mitin de su partido.
El PSOE pidió a la Mesa del Congreso que se
le denegara en el futuro la emisión de voto telemático por causa de paternidad.
El PP advirtió de que no se le podía negar un derecho parlamentario con
carácter indefinido, y pidió y consiguió que se le enviara únicamente un
apercibimiento.
Que el de Vox obró de modo criticable es algo de lo que no cabe duda. Pero, como digo, los enemigos están enfrente, no al costado.

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