Cuando un socialista proclama una cosa, puedes estar razonablemente seguro de que practicará la diametralmente opuesta.
Así, si uno del partido de la mano y el
capullo dice que defenderá a las mujeres y luchará contra el machismo, es casi
seguro que practicará él mismo ese machismo que dice combatir. Es el caso de la
policía que denunció al Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional,
acusándole de haber cometido, presuntamente, delitos de agresión sexual,
coacciones, lesiones psíquicas y malversación.
El ministerio del Interior ha negado tener conocimiento de lo sucedido. De haberlo tenido, dicen, se le hubiera pedido la
renuncia al acusado o se le hubiese cesado de inmediato. Pero aquí sobra la
alternativa: en cualquier entorno laboral decente se le cesa ipso facto, porque
ya se sabe que, según los postulados progresistas, una mujer nunca miente en
estos casos.
Y porque, de ser un gobierno de derechas el que estuviera en el poder, eso es lo que pediría el giliprogretariado.

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