Una de las constantes durante la égida del psicópata de la Moncloa ha sido, cada vez que las cosas venían mal dadas, recurrir al francomodín, es decir, a mentar de alguna manera al Generalísimo para así (intentar) enardecer a las masas.
Lo que pasa es que, como el amor a La más
grande en la celebérrima canción, se les gastó de tanto usarlo. Cómo será
la cosa que, del centenar de actos previstos para conmemorar el medio siglo del
fallecimiento del Caudillo -eso sí tiene mérito, seguir dando guerra cinco
décadas después de fallecer de viejo y en la cama, no como el Cid, que ganó su
última batalla, como mucho, tres años después de muerto- apenas se celebraron
(y es una conjetura) una docena.
Así las cosas, hace un mes el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer anunció que desclasificaría los documentos todavía secretos del intento de golpe de Estado del 23 deFebrero de 1.981; ese tras el que el entonces líder del partido de la mano y el
capullo habría tenido un puesto en el consejo de ministros.
¿El resultado? Que la imagen de Su Majestad don Juan Carlos I, a quien Dios guarde muchos años, salía reforzada.

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