Como he dicho varias veces, la última no hace demasiado, el marxismo -llámese como se llame- es incompatible con la democracia.
Ignorantes de la fuerza de la Ley, no conocen
más ley que la de la fuerza, y la ejercerán tanto como consideren necesario
para mantenerse en el poder. Y si fingen someterse al Estado de Derecho, no
será más que una pantomima, una finta táctica al servicio de su única
estrategia, que es la de detentar el poder tanto tiempo como les sea posible.
Nada lo ejemplifica mejor que las palabras de Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia (es decir, de Represión y
Arbitrariedad) de Venezuela, justificando la detención de uno de los opositores
tan sólo unas horas después de su liberación:
Salieron, se encontraron con sus familias...
Hasta que la estupidez ilustrada de algunos políticos, que creyeron que pueden
hacer lo que les dé la gana y embochinchar el país, violando las propias
condiciones por las que se les está dando la libertad.
Es decir, que en Venezuela, de momento, los opositores son libres, sí… pero para hacer lo que a los dictadores bolivarianos les parezca bien.

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