Una sola cualidad hay que reconocerles a los terroristas del hacha y la serpiente: en cuestiones de política, no mienten nunca.
Y ahora que son una de las patas de la coalición
Frankenstein, menos que nunca. Es más, se ufanan de su posición, de que el
psicópata de la Moncloa les necesite -como a los separatistas catalanes, a los neocom,
a los epígonos del orate con boina, a los ierreceos, a los cocuquistas
y hasta a los mercenarios canarios, vendidos siempre al mejor postor- para
seguir detentando un minuto más el poder.
Y así lo dicen en la sede de la representación de la soberanía popular: que un escaño de los terroristas manda más que el partido más votado por los españoles.

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