En una de las entrevistas-masaje que el psicópata de la Moncloa ha condescendido a conceder -no tiene redaños para una entrevista de verdad, a lo que parece-, preguntó retóricamente de quién dependía el fiscal general del Estado, implicando que el que el gobierno fuera quien lo nombraba hacía que fuera también quien lo controlaba.
El masajista no supo responderle, y el psicópata
remató la cuestión con un pues eso. Y así se ha comportado desde
entonces, convirtiendo la fiscalía general del Estado en la fiscalía particular
del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, y a la Abogacía
del Estado en el turno de oficio de todos aquellos a los que tiene interés en
defendes.
Por eso, el que ordene al ministerio público
investigar a X, Meta y Tiktok por la posible difusión de pornografía infantil con inteligencia artificial no es sólo una cortina de humo para tapar sus
escándalos. No es sólo un brindis al sol porque queda mucho más allá de su
alcance. No es sólo hipocresía en quien se benefició de la prostitución de menores.
Es la constatación -una más- de que España está dirigida por un autócrata.
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