Hace cosa de siglo y cuarto, tras la pérdida de Cuba y Filipinas, un intelectual (entonces, los intelectuales lo eran de verdad, no como los de ahora) de los de entonces -no sé si Unamuno u Ortega y Gasset- dijo algo así como que había que europeizar España (o a lo mejor estoy imaginando cosas, y lo que dijo fue justamente lo contrario).
Más recientemente, se ha dicho que Europa
es la solución, o se ha confiado en las instancias europeas para que
pusieran coto a los desmanes del desgobierno socialcomunista que tenemos la
desgracia de padecer. Cosa que rara vez ocurre, porque digan lo que digan desde
Bruselas (o Estrasburgo, o Luxemburgo, o donde sea), al psicópata de la Moncloa
y su recua de lametafanarios se la trae floja.
Pero oye, la satisfacción -o el consuelo,
depende de cómo lo quieras o puedas mirar- no nos los quita nadie, ni la
esperanza de que alguna vez, de casualidad o porque ya tocaba, acierten y los
de la mano y el capullo dejen de detentar el poder.
Una de las últimas ha sido que la Comisión
Europea ha destapado la chapuza jurídica de España -para nuestra desgracia, ésos
nos representan allende nuestras fronteras- con la baliza V16. No se meten con
que sea lógico o no imponerla, o que España sea el único país que la exige, o
que sirva para menos que un peine en un congreso de calvos. No, lo que
recuerdan es que un Estado miembro de la Unión Europea debe notificar cualquier reglamento técnico antes de su adopción… y España no lo hizo.
Se ve que estos arrebatacapas tenían demasiada prisa por empezar a saquear con un nuevo pretexto el ya vaciado bolsillo del sufrido contribuyente.

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