La izquierda española es tan irremediablemente tonta que se alegra del mal ajeno sin darse cuenta de que ellos están todavía peor.
Es el caso de las elecciones legislativas en Hungría.
El primer ministro ejerciente, Viktor Orbán, es un aliado ideológico de Vox:
por lo tanto, un ultraderechista, alguien reprobable y, a pesar de ello, de los
más favorables a Putin en la Unión Europea.
Pues bien, el resultado es que el partido de
Orbán consiguió algo más de un cuarto de los escaños, mientras que el del
aspirante Péter Magyar (alguien al que en España llamarían facha) obtenía
dos tercios restantes y dejaba cinco escaños a la ultraderecha (parece que
siempre hay espacio a la derecha de la extrema derecha para alguien aún más
extremo).
Y la izquierda española se entusiasmó por los resultados… que dejaban al centro y a la izquierda como fuerzas extraparlamentarias.

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