Creo que fueron los autores de la Generación del Noventa y ocho los que dijeron aquello de que España es el problema, Europa es la solución.
Evidentemente, se trata de un planteamiento
un tanto simplista; más aún si consideramos el nivel intelectual de aquellos
pensadores de hace siglo y cuarto. Ni España era el problema, ni Europa era la
única solución. Es más, la solución a los problemas de España se encontraba en
la propia España y en los españoles, que -sonará a soflama sentimental- cuando
nos hemos propuesto un objetivo, lo hemos conseguido.
Sin embargo, el nivel de ocupación al que el
psicópata de la Moncloa ha sometido a casi todos los resortes del poder hace
que la presión internacional sea casi el único recurso que nos queda. Dado que la
voluntad de su Sanchidad parece estar supeditada a los caprichos del
sátrapa alauita, el que Europa eleve la presión sobre el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer para la devolución de los
invasores de Ceuta podría ser nuestra única esperanza de que eso ocurra.
Triste, pero cierto.

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