miércoles, 13 de diciembre de 2017

A confesión de parte…


…aunque esta entrada, como se verá, también podría haberse titulado antes se atrapa a un mentiroso que a un cojo.
Los golpistas catalanes, antes de serlo (es decir, cuando sólo eran secesionistas) no se cansaban de proclamar que ellos actuaban movidos por los anhelos del pueblo catalán, cansado de vivir bajo el yugo de una España que les oprime y les roba y que les privó de su libertad hace trescientos años. Es un discurso muy bonito, muy altruista, muy heroico incluso… pero más falso que un euro de corcho. Y no es porque lo digamos los que sabemos que no hay un ápice de verdad en lo que dicen, sino porque hasta ellos mismos lo reconocen.
Y lo hacen hasta en sede parlamentaria. Sin ir más lejos, el diputado Juan Tardá, de Izquierda Republicana de Cataluña, reconoció hace cosa de un mes que no hay independencia en Cataluña porque no existe una mayoría que la quiera. Es más, reconoce que es cierto que se declaró la independencia y se proclamó la República (aunque no aclara si de modo efectivo y real o simplemente virtual y simbólico), pero esa República no se implementó fundamentalmente porque no estábamos predispuestos a poner en riesgo la seguridad de los ciudadanos. Es más, Tardà considera que tanto Cocomocho como el resto de sus consejeros hicieron entonces un gran ejercicio de responsabilidad y se ha declarado orgulloso de la madurez demostrada, a su juicio. Máxime -ha apuntado- cuando se ha publicado que el Gobierno tenía previsto tomar al asalto un parlamento democrático.
Vamos a pasar por alto la afirmación de que la asamblea legislativa regional catalana sea un parlamento democrático (salvo que por democracia entendamos el saltarnos las normas que no nos gustan, incluso cuando son las propias: en tal caso, la cámara catalana es la más democrática, no del planeta Tierra, sino es probable que hasta del Universo entero), y vamos al meollo del asunto. ¿Dónde, exactamente, se ha publicado esa previsión gubernamental? Quizá en los planes que hicieron los golpistas y que, como hemos visto, han fallado más que una escopeta de feria.
El dirigente republicano ha insistido en que en su partido, antes que independentistas son demócratas y antes que demócratas, buena gente: por eso, para ellos la paz y el civismo son fundamentales y tiene claro que el proceso será pacífico o no será. De lo cual cabe deducir que, como no son buena gente, no son demócratas; ergo, tampoco independentistas. En cuanto a lo que ellos denominan paz y civismo, deben ser de esos false friends del diálogo del occitano, que significan justo lo contrario de lo que un hispanoparlante podría pensar. Finalmente, puesto que el proceso no ha sido en absoluto pacífico (y mira, Juanito, que no entro de quién es la culpa, aunque lo tengo meridianamente claro), parece que no será.
Para remate, como he leído por ahí: si reconoce haberse declarado la independencia y proclamado la República a sabiendas de que no lo querían la mayoría de los catalanes (además de ser ilegal), ¿quién es el autoritario aquí?

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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