jueves, 21 de diciembre de 2017

Especialidades nefandas

Por mucho que presuma de ello, España nunca será una de las democracias más avanzadas del mundo hasta que prescinda de ciertos elementos provenientes de épocas pretéritas, decimonónicas o incluso directamente medievales.
Uno de ellos es el de los aforamientos. La protección de los cargos públicos tenía sentido cuando no había una verdadera separación de poderes y se encontraban, por lo tanto, en riesgo de que cualquier denuncia supusiera su comparecencia ante un juez, impidiéndoles así ejercer sus funciones. Pero de un extremo se ha pasado al otro, con miríadas de cargos públicos que gozan de fuero especial por cualquier delito que cometan, no sólo los realizados mientras están desempeñando efectivamente su cargo (es decir, actuando como tal); existe, además, la figura del suplicatorio, por el cual, si el órgano al que pertenecen así lo considera, puede denegarse la posibilidad de encausarles (denegación harto frecuente, en una especie de hoy por ti, mañana por mí). Algo completamente irracional; máxime, si tenemos en cuenta que, además, la partitocracia imperante en España hace que los jueces en general, o al menos quienes les gobiernan (a pesar de ser teóricamente independientes), resulten cuando menos sospechosos de falta de imparcialidad.
Otro también tiene que ver con la palabra fueros. Me refiero a los conciertos vasco y navarro, que rompen la igualdad de todos los españoles ante la Ley, al menos en el aspecto fiscal. Por este régimen privilegiado, las dos comunidades autónomas mencionadas gozan de gabelas que les son negadas a las otras quince.
Quizá por propio interés, quizá por verdadera convicción, el mes pasado coincidieron en criticar esta figura del concierto los socialistas andaluces y los naranjitos. Contra ellos se alzaron, no los partidos regionalistas de las dos regiones especiales, sino quien debería velar por la igualdad de todos los españoles: el Gobierno o, más bien, el partido que los sustenta. Mientras el presidente del Gobierno defendía el cupo vasco (lógico, necesita los votos del PNV para aprobar los presupuestos… lo que no parece percibir es que necesita más los de Ciudadanos, que son más) y criticaba la demagogia tan fácil como dañina (la demagogia suele ser ambas cosas, señor registrador en excedencia), y el portavoz de los populares vascos atacaba a Rivera. Al tiempo, los presidentes populares de Galicia y Castilla y León cuestionaron el cupo, pidiendo explicaciones.
Hasta que no desaparezcan tanto los aforamientos (o, al menos, se reduzcan a la mínima expresión) como los cupos, España no será una gran nación, y sus ciudadanos no serán completamente libres ni totalmente iguales…
…y con esta entrada, igualo el récord del año pasado. No está mal.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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