miércoles, 20 de diciembre de 2017

Democracia a la catalina

Cuando el proceso secesionista se aceleró, el número de entradas en este blog lo hizo también. Ni siquiera saltándome la regla del first in, first out y colocando en primer lugar lograba mantenerme al día; o casi, porque si lo hiciera las demás entradas habrían quedado relegadas a fechas tan alejadas de los hechos a los que se referían que más que un blog de actualidad política, éste se habría convertido en un blog de Historia. Y tampoco es eso. Además, aumentando el número de entradas diarias conseguí lo que a la vuelta del verano parecía casi imposible: batir el récord de entradas del año pasado.
Una vez consumado el golpe de Estado, las cosas volvieron a su cauce, y el ritmo de publicación descendió a una media cercana a una diaria. Igualmente, las entradas volvieron a ser publicadas por orden de aparición ante el micrófono (salvo excepciones), sin colar a ninguna por razón de su origen geográfico. Hasta hoy.
¿Y por qué hoy? Pues porque mañana, por primera vez desde que recuerdo, tiene lugar en España un proceso electoral. Concretamente en Cataluña, la región más democrática de España según los estándares establecidos por los propios golpistas: si votar equivale a democracia y democracia equivale a votar, ellos lo han hecho más que nadie en esta última década. Casi votan más deprisa de lo que yo publico mis entradas (exagero, claro, pero tampoco tanto…). Y la entrada de hoy tiene que ver con lo que ocurrirá mañana. Si la publicara cuando toca, saldría la semana después de Reyes, y para entonces, en función de los resultados de las elecciones regionales y el desarrollo de los acontecimientos, habría quedado, casi con seguridad, obsoleta. Así que al tajo.
Leo el titular de que El separatismo no reconocerá una derrota y sólo debate quién será el próximo presidente republicano y me acuerdo de lo que dije hace un par de días: los golpistas conceden libertad de pensamiento, siempre y cuando pienses lo que ellos quieren que pienses. En un extraño hermanamiento con los socialistas de hace cuarenta años, consideran que cualquier cosa que no sea una victoria secesionista será una equivocación, es decir, que sólo contemplan una mayoría de los unionistas (léase, los no secesionistas) como consecuencia de un pucherazo (eso lo dicen los que han dado el pucherazo, no del año, sino del siglo con el butifarrendum II).
Lo único que puede salvar la situación es que se odian entre ellos casi tanto como odian al resto de los españoles. Lo malo es que el miedo a perder el poder es un poderoso pegamento anestesiante, sea la ideología que sea…


¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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