jueves, 2 de agosto de 2018

Con la realidad hemos topado

Cuando no ocupan el poder, los partidos de izquierdas se desgañitan cada vez que sobre algún cargo de otras formaciones cae la más mínima sospecha de haber cometido alguna irregularidad, por nimia que ésta sea, a la vez que promulgan con gran fanfarria y alharaca unos supuestos códigos éticos en los que afirman por activa, por pasiva y por perifrástica que cuando se vean incursos en cualquier causa judicial –algo, según ellos, ontológicamente imposible, porque se encuentran genéticamente incapacitados para delinquir-, abandonarán ipso facto todos sus cargos públicos (porque, como bien sabemos, si ellos se han encaramado a la poltrona es para servir a la gente, no para llenar sus bolsillos y los de sus allegados).
Sin embargo, una vez encaramados al poder, descubren de inmediato que son incapaces de conjugar la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo dimitir, sean una estríper alsaltacapillas o bien el equipo de gobierno en pleno del ayuntamiento de Zaragoza, y se les impute un delito contra los sentimientos religiosos o el delito más grave que cabe imputar a una autoridad pública, esto es, prevaricación.
El caso es seguir amarrados al escaño todo lo que se pueda, sin despeinarse.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: