sábado, 10 de julio de 2021

Mienten más que hablan

La actual representación femenina de la izquierda española deja, en general, mucho que desear. Es tal su nivel de sectarismo, tan alta su idiocia y tan grande su torpeza que no queda por menos de sospechar que, si están donde se encuentran, es en virtud de las tristemente famosas cuotas, pues de lo contrario no habrían podido jamás escalar a tan cimeras posiciones por sus propios méritos (otra cosa es que alguna ascienda por vía… horizontal).

Hace un mes, el tenor Plácido Domingo volvía a los escenarios españoles tras el escándalo en el que se vio envuelto. La respuesta del público, juez supremo en estos casos, fue una tremenda ovación, una de esas que parece que el techo del teatro vaya a desplomarse sobre aplaudido y aplaudidores.

Naturalmente, tal respaldo popular no gustó ni un pelo a aquellas que se han arrogado la representación de la gente en general y de las mujeres en particular. Me refiero, claro está, a dos conspicuas representantes del gremio feminazi, la calientacamas de Galapagar (aunque las malas lenguas dicen que ya no calienta el lecho más que a sí misma) y Triple M (Mónica, médico y madre).

La primera se preguntaba por qué hay quienes necesitan aplaudir con estruendo a un hombre que confesó haber cometido abusos sexuales. La segunda disparó contra la presidente de la Comunidad de Madrid, que ensalzó el papel de Plácido Domingo como uno de los mayores embajadores de la música y la cultura. Para la neo-neocom, tenemos muy buenos embajadores y embajadoras de nuestra música. Que Ayuso elija a Plácido Domingo, quien reconoció haber cometido abusos sexuales contra más de 20 mujeres, no ayuda ni a la música, ni a la cultura ni a construir una sociedad igualitaria.

Lo que desde luego no ayuda es mentir como bellacas, o hablar sin saber. Porque, hasta donde se me alcanza, el artista no ha reconocido haber cometido abusos sexuales de ninguna clase (salvo esa clase tan amplia en la que cabe todo, patrocinada por el retroprogretariado), y han sido las presuntas víctimas las únicas que lo han afirmado.

Y, hasta que cambie el Derecho internacional, es la acusación la que tiene que probar el delito, y no el acusado su inocencia.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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