viernes, 30 de julio de 2021

Tenemos el enemigo al timón

Cuando empezó todo el asunto de la pandemia, en el grupo de Whatsapp de la familia uno de mis hermanos reenvió un comentario jocoso sobre el psicópata de la Moncloa. Por parte de un representante de la (minoritaria) fracción izquierdista de la familia se comentó que, aunque nos cayera mal (sic) el individuo, no era el foro adecuado para enviar ese tipo de mensajes. Como somos gente educada y queremos a la familia por encima de (casi) todo, nos callamos.

En realidad, no es que el psicópata de la Moncloa nos caiga mal (que también). Al menos en mi caso, le considero un peligro público, la amenaza más grave que se ha cernido sobre España, su democracia y su convivencia: más que los golpistas, los separatistas y los terroristas, juntos.

Y esto es así, no sólo porque sea un psicópata -que también-, sino porque es el socialista español en estado puro: alguien que hará lo que sea con tal de mantenerse en el poder, desde pactar con los enemigos internos de la patria hasta retorcer el ordenamiento jurídico a su favor, como hizo el gorila rojo en Venezuela.

La referencia no es baladí. Hace tres semanas saltó la noticia de que el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer estaba preparando una Ley de Seguridad Nacional que concedería unos poderes desmesurados -semejantes a la de los dictadores de la república romana, y de nuevo elijo la palabra con toda la intención del mundo- al primer ninistro si hay razones de emergencia (emergencia cuya existencia, naturalmente, determinaría él). Le libraría de informar sobre documentos y contratos, y permitiría movilizar en caso de crisis (de nuevo, ¿quién la determina?) a mayores de edad y empresas y requisar sus bienes.

Es decir, que dicha norma está hecha a medida para que el Gobierno actúe sin control democrático, por lo que no es de extrañar que haya expertos jurídicos que consideren un escándalo que el gobierno de Sin Vocales no quiera someterse al control parlamentario.

¿Escándalo? Tal vez. ¿Sorprendente? En absoluto. Bastantes muestras ha dado ya de su carácter autocrático y liberticida.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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