A
la hora de justificar el incumplimiento de las promesas electorales la sufrida
ciudadanía ha tenido que oír de todo, desde la penosa herencia recibida hasta
las circunstancias críticas, pasando por la cínica declaración de que esas
promesas se hacen para no cumplirse.
Sin
embargo, han llegado personas nuevas a la política, son tiempos nuevos y hay
también nuevas excusas. Lo que uno nunca creía que vería, el reconocimiento de
la inepcia por parte de un político en activo, ha llegado. Claro, que la
político en cuestión ya tiene una edad y cabe considerar la posibilidad de que
haya empezado a patinarle un poco la neurona.
Porque,
vamos a ver, ¿cuándo se ha visto de un político que diga que el programa
electoral de su formación es ‘sui generis’y tiene fallos y omisiones? Nunca, ¿verdad? Pero es que ni en eso son
capaces de acertar, porque mienten como bellacos. El programa electoral neocom no es sui generis, sino que es el típico programa de la izmierda: demagógico, populista (sí, ya
sé que ambos términos vienen a ser coincidentes) y de realización imposible. Y
no es que tenga fallos y omisiones,
es que todo él es un fallo y una omisión… del sentido común.
Lo
malo (para la juez emérita y filoterrorista) es que en sus propias filas no es
probable que le reconozcan el ataque de humildad. Ensoberbecidos, proclamarán
que el objetivo de su programa era asaltar
el cielo y que si no lo han conseguido es por las malévolas maquinaciones
de la casta.
O
poco más o menos…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!
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