jueves, 12 de noviembre de 2015

La historia interminable

Tras mi proclama de ayer de entregas dobles, empecé a temer que hoy no pasara nada y todo quedara en un mero propósito. Sin embargo, a estos efectos, los necionanistas son como los suciolistos: siempre se puede contar con ellos para que de den materia con la que elaborar una entrada. Y vaya si la han dado hoy.
Para empezar, como estaba previsto, el Tribunal Constitucional suspendió la declaración secesionista, apercibiendo a Arturito Menos, Carmen Forcadell y otros diecinueve individuos. También como estaba previsto, los secesionistas se pasaron la resolución de suspensión por el arco del triunfo y declararon que seguirían adelante con su plan.
En el debate previo a la segunda votación para la investidura, Menos siguió humillándose hasta extremos inauditos, demostrando así que lo que le guía no es el afán de que Cataluña alcance la tierra prometida de la independencia, sino ser él el Moisés que encabece ese glorioso periplo. Dispuesto a conseguirlo, tan pronto ofrecía ser un presidente meramente representativo, sin poderes ejecutivos (un florero, vamos), como ser el presidente de un gobierno coral, añadiendo a eso la promesa de presentar una moción de confianza en el plazo de diez meses (para fiarse y no correr…). Chancleto y sus muchachos no pasaron por el aro –deben estar disfrutando lo indecible, ahora que tienen la sartén por el mango y están haciendo sudar la gota gorda a los odiados y odiosos burgueses de Convergencia- y contestaron con un no que llamaron tranquilo. No las tenía yo todas conmigo, he de decir.
Mientras, los empresarios catalanes, desesperados, gimen y sollozan mientras, preocupados y desesperados, proclaman que hay que parar esto como sea. Su presidente, incluso, ha reconocido la estulticia interesada de muchos que votaron a la coalición independentista para sacar más al Estado. Es decir, que detrás de todo no estaban los derechos históricos, sino lisa y llanamente la pela.
Y mientras, Su Majestad el Rey ha proclamado que la Constitución prevalecerá, que nadie lo dude. Muy lejos de frases como hablando se entiende la gente, que pronunció su padre a propósito de la negociación con los terroristas vascos de ultraizquierda, esa frase está más cerca del papel de símbolo de la unidad y permanencia del Estado que le atribuye la Constitución Española.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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