sábado, 2 de julio de 2016

Estados Unidos, qué gran país

En Estados Unidos, en Partido Demócrata ha sido siempre, en general, el primero que (entendámonos, de partidos con posibilidades de alcanzar la presidencia). Fue el primero que tuvo un presidente con más de dos mandatos (Franklin Delano Roosevelt, entre 1.932 y 1.945; el primero… y el único posible, tras la reforma constitucional); el primero con un presidente católico (John Fitzgerald Kennedy, en 1.960; el único, de momento); el primero con una candidata a vicepresidente (Geraldine Ferraro, en 1.984); el primero con un presidente no-blanco (Barack Hussein Obama, entre 2.008 y 2.016; llamarle negro sería cargar demasiado las tintas, y perdón por el chiste fácil); y, ahora, el primero con una candidata a presidente (Hillary Rodham Clinton, este mismo año). Vamos, salvo tener el primer presidente dimisionario (Richard Milhous Nixon, en 1.974) y el primero no elegido por voto popular (Gerald Rudolph Ford, en 1.974), copan las primeras posiciones.
Hillary Clinton no me cae simpática. Dudo que le caiga simpática a alguien, marido incluido. Pero ya hace ocho años pensaba que era la mejor preparada de los precandidatos de cualquiera de los dos partidos, y sigo pensándolo. Vamos, que aunque si fuera estadounidense probablemente votaría republicano por sistema, en este caso es casi seguro que votaría demócrata.
Más o menos, por las mismas razones por las que Chirac fue reelegido con el porcentaje más alto de toda la Quinta República francesa (me estoy columpiando, pero me apuesto el cuello a que acierto): por ser el mal menor.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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