sábado, 23 de julio de 2016

Vamos a ponernos sesudos

En general, no me da mucho tiempo a reflexionar sobre lo que escribo en este blog (afortunadamente, pienso deprisa, y también lo hago en segundo plano) antes de ponerme a escribirlo: si voy día a día, porque suelo ir con el tiempo pegado al c… ahí mismo; y si adelanto entradas porque voy a estar tiempo desconectado, pues por eso, porque tengo que escribir varias entradas antes de marcharme.
Las (probables) únicas excepciones son aquellas entradas que, o bien llevo mucho tiempo meditando (la que hice sobre las banderas con el águila de San Juan, o las de Psicología del octavo pueblo), o bien hago fuera de periodicidad, y que suelen referirse a elecciones pasadas o futuras y sus consecuencias. Este es el caso de la presente entrada, dedicada a analizar (en la medida en que me es posible) cómo están las cosas tras las elecciones de hace casi un mes.
Para empezar, el hecho de que el PP fuera el único de los cuatro grandes partidos en aumentar su representación en el Congreso –que es, no nos engañemos, la cámara que más cuenta y a la que mira la gente tras las elecciones- parece haberle dado un plus de legitimidad en sus aspiraciones. Eso explicaría quizá el que hayan llegado a un acuerdo con Ciudadanos relativamente rápido para el reparto de asientos en la Mesa de la cámara baja; bueno, eso… y el hecho de que, al haber perdido una cuarta parte de los escaños que tenía hace seis meses, los del partido naranja necesitaran ayuda para obtener alguno de esos asientos.
Cuando me enteré de los nombres que se barajaban para la tercera autoridad del Estado pensé que, o bien el puesto les venía demasiado grande (caso, por ejemplo de Cospedal; aunque, después de Pachi Nadie, cualquiera lo mejoraría y estaría más cualificado: los socialistas españoles, en general, son el ejemplo viviente de que el Principio de Peter es una falacia como un castillo) o demasiado pequeño (o que sería un desperdicio apartarles de funciones ejecutivas). Finalmente, se decidieron por una de estas últimas, Ana Pastor, a la que hasta los neocom tendrían problemas para poner objeciones más allá de es que es de derechas.
Hablando de Junior y sus muchachos, me he estado preguntando estos días si su objetivo no sería el ir a unas terceras elecciones generales (según escribo, pienso que en las mismas sería posible que se produjera el tan anhelado sorpasso… pero no porque obtuvieran más escaños que los socialistas, sino porque estos, en caída libre en los últimos años, obtendrían menos; parece lo mismo, pero no lo es). Es la única explicación que le veo al hecho de que brujuleara presionando a socialistas y secesionistas catalanes de uno y otro pelaje para que bloquearan el pacto entre populares y naranjitos.
Brujuleo que, en todo caso, le salió rematadamente mal, puesto que Ana Pastor obtuvo más votos de los que le corresponderían si únicamente la hubieran votado los seguidores de Rajoy y Rivera. Según Coleta Morada, esos votos habrían venido de los secesionistas catalanes (conservadores, se entiende) y los nacionalistas vascos. De hecho, como dijo el en tantos otros temas ignorante supino, Habría mayoría para investir a Rajoy.
Mayoría que quizá no fuera tal. Según algunos, Rajoy estaría utilizando el apoyo de los separatistas para presionar a Rivera. Esta palanca inquieta a un sector del PP, ya que hay dos líneas que Ciudadanos jamás cruzará so pena de quedar desnaturalizado: nunca, jamás, compartirá un acuerdo con neocom o con secesionistas, pues ello iría contra su esencia original (aunque cosas más raras se han visto, la verdad). Así, por ganar quince votos, el PP perdería treinta, con lo que quedaría peor que al principio.
Según algunas informaciones, por último, Rajoy estaría lanzando, de cara a las audiencias con el Rey, un órdago al estilo del anuncio del Scattergories, en plan o me votáis o vamos a unas terceras elecciones. Con todo lo que se ha dicho últimamente del personaje, esto resultaría hasta posible; sin embargo, no es algo que dependa de él, puesto que de lograse un pacto a la balear (es decir, un todos contra el PP excluido Ciudadanos) sería posible elegir un presidente del Gobierno alternativo al gallego.
Aunque duraría cinco minutos, porque un pacto tan heterogéneo resultaría indudablemente explosivo.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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