lunes, 19 de junio de 2017

Hala, Madrid

No soy del Real Madrid aunque, como suelo decir con cierta frecuencia (sí, lo sé, tiendo a repetirme, y más en la vida cotidiana), he devenido promadridista a fuerza de ser antibarcelonista.
Viene esto a cuenta porque me alegré de que el club de Chamartín ganara la máxima competición europea de clubes por duodécima vez. Alegría que parece que no es compartida por algunos de los jugadores de sus dos eternos rivales, esto es, el Atlético de Madrid y el Fútbol Club Barcelona.
De estos últimos no cabía esperar otra cosa. Debe ser la única entidad deportiva del mundo que, gane o pierda, vive en función de su eterno rival. Y el resquemor existe, como lo demostró su defensa central, un tío al que le reconozco la inteligencia (en abstracto) al igual que le reconozco su incapacidad para quedarse callado (será que debe creerse el centro del Universo y parte del extranjero), que preguntado sobre el partido de marras contestó que cuando veáis al Barcelona hacer una rúa por una Copa del Rey podréis decir que el Madrid tiene un ciclo importante. Es decir, y tomando al pie de la letra las palabras del Shakiro, da lo mismo qué resultados hayan obtenido los merengues, o incluso que no hayan obtenido título alguno: la única condición para que el Madrid tenga un ciclo importante es que los culerdos celebren por todo lo alto la consecución de una Copa de Su Majestad el Rey.
En cuanto a los colchoneros, parece que se están contagiando de la mala educación del otro equipo rayado, ya que, cuando se cruzaron, el delantero del equipo del Manzanares (hasta que se muden) evitó felicitar al defensa central del Madrid.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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