martes, 31 de octubre de 2017

Es la economía, pedazos de alcornoque

Antes del golpe de Estado, los secesionistas catalanes prometían el oro y el moro (más el oro que el moro, que este último, al fin y al cabo, ya lo tenían instalado dentro) para cuando la independencia se consumase. Como tantas otras cosas, la realidad se ha encargado de demostrar que, o bien estaban muy equivocados, o bien mentían como los bellacos que son.
El hecho es que, tras el me voy pero me quedo inicial, la región perdió en apenas dos semanas tantas empresas como en los peores años de la crisis. Mientras, el encargado del ramo, el estrábico con sobrepeso, alardeaba de que la cosa no tenía importancia porque aún quedaban miles de empresas que no se habían marchado (aún, añado yo). Es un modo de verlo. Los que tenemos los dos ojos como Dios manda podríamos decirle que las que se han ido suponen una parte muy importante del tejido industrial y económico de la región; o podríamos decirle que las empresas que no se han ido son, probablemente, las que, por ser pequeñas y tener un mercado muy localizado, no pueden irse porque, si se van, a donde van es directamente a la mierda.
Cuando el separatismo más radical llamó a sus seguidores a vaciar sus cuentas bancarias para provocar un corralito, los únicos que hicieron caso fueron los más fanatizados, esos que saben tanto de economía como de pedagogía o de lo que las grandes superficies denominan higiene mensual (femenina, claro). Hasta los jubilados –más sabe el diablo por viejo que por diablo- huyen de la Cataluña unilateralmente declarada independiente como de la peste: las reservas de los viajes del Imserso han caído a la mitad si el destino es Cataluña.
Qué tiempos aquellos en que, para los catalanes, la pela era la pela… Hasta eso les ha quitado el secesionismo.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: