jueves, 26 de octubre de 2017

Ni por esas

Cualquiera que siga este blog –que resulta que son más de los que me suponía (otro día hablaré de los sitios raros en los que, según Blogger, se me lee): ayer mismo me encontré con tres comentarios, eso sí, todos de la misma persona desconocida; va a resultar que no estoy ideológicamente tan solo como pensaba- sabrá que, en mi nada humilde opinión, izquierda y economía sostenible (que es, realmente, el único tipo de economía posible: a la economía insostenible se le llama ruina) son términos que se excluyen mutuamente.
O, como señaló un profesor de inglés en el colegio –si hay algún condiscípulo por aquí, sabrá a quién me estoy refiriendo-, la diferencia entre una dictadura de izquierdas y una de derechas es que (si no hay guerra mediante, matizo yo) las segundas dejan al país económicamente mejor de lo que se lo encontraron, y las primeras infinitamente peor. A lo que habría que apostillar que, si la cosa no se cumple en el caso de las de izquierdas, no es porque no sean dictaduras, que lo son (¡y de qué manera!), sino porque no aplican las recetas económicas de la izquierda (el caso más paradigmático –me ha costado recordar la palabrita- sería la República Popular China).
Es decir, que si el consistorio neocom de Madrid está reduciendo la deuda pública del ayuntamiento de la villa y corte no es porque esté aplicando los principios marxistas (que consisten, en la versión podemita, en que toda deuda que no se deba a ellos es ilegítima), sino por el plan de reducción heredado del anterior gobierno del Partido Popular, sumado a la ley Montoro que impone un límite de gasto y, por último, a la incapacidad de Ahora Madrid de gestionar y realizar inversiones (salvo en sus bolsillos).
A pesar de lo cual, el ritmo de amortización se ha reducido con respecto al mandato de su predecesora en el asiento de alcaldesa. Toma nísperos.


¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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