jueves, 11 de enero de 2018

No permitas que la realidad te estropee la demagogia

Cuando los postulados de la izquierda chocan con la realidad, actúan como si la realidad estuviera equivocada. Es decir, que no varían sus postulados ni un ápice, salvo (quizá) después de mucho tiempo.
Cuando Pío Moa escribía en Libertad Digital, mencionaba en sus artículos a lo que él llamaba lisenkos. No fue hasta pasado cierto tiempo que descubrí (gracias a san Google y santa Wikipedia, ¡qué haríamos sin ellos!) que con ese nombre hacía referencia oblicua a Trofim Lysenko, ingeniero agrónomo soviético que mientras pudo (es decir, mientras le dejaron) realizó experimentos que supusieron fracaso tras fracaso… aunque los medios de comunicación (soviéticos, claro) los presentaran como sucesivos éxitos. Lo mismo podría decirse de las reformas (por llamarlas de alguna manera) emprendidas por los comunistas chinos a mediados del siglo pasado, que se tradujo en que los chinos murieran... como chinos.
Más recientemente, y mucho más cerca, hará unos diez años que durante el rodrigato se redujo la velocidad máxima en autopistas y autovías de ciento veinte a ciento diez kilómetros por hora, sobre la premisa (no recuerdo bien cuál de las dos, pero me parece que fue la primera) de que así el consumo de combustible era menor, o que se contaminaba menos. El único beneficio tangible fue el que obtuvieron los fabricantes de señales de tráfico, que hicieron negocio…dos veces: cuando se redujo la velocidad, y cuando volvió a establecerse en ciento veinte kilómetros por hora.
Ahora es el Ayuntamiento de Madrid, cuyo equipo de gobierno está trufado de neocom y a cuyo frente hay una paleocom de manual, el que se empecina en sus posturas, incluso reconociendo lo erróneo de las mismas. En efecto, ha admitido que restringir el tráfico no reduce la contaminación, pero está decidido a restringirlo más aún.
Qué malos son los hechos, que no se amoldan a sus deseos…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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