jueves, 25 de enero de 2018

Y eso que quedan los que quedan…

Aunque durante la carrera se me dieron muy bien los dos cursos de Derecho político, no fue hasta tocar esa materia en la oposición que me di cuenta de lo francamente mejorable que era nuestra vigente norma suprema del ordenamiento jurídico, la Constitución de 1.978.
Por lo visto, los redactores de la norma tuvieron dos opciones, dos modelos a que acogerse. Y al que se acogieron fue al antiguo –suele decirse que una de las grandes influencias fue la Ley Fundamental de Bonn-, no al moderno (que nunca he sabido cuál es), con lo que, en lugar de elaborar la primera de un tipo de constituciones, pergeñaron la última de otro.
La Constitución tiene muchos defectos, desde llamar castellano al español hasta diferenciar entre nacionalidades y regiones. Sin embargo, es lo que es, la norma suprema (Derecho europeo aparte), y por lo tanto ha de obedecerse y acatarse, aunque a uno no le guste.
Como a los socialistas, por ejemplo, que cada cierto tiempo vuelven con la matraca de la reforma constitucional. Y la razón principal por la que insisten en el tema, en mi opinión, es porque quieren pillar cacho, tocar poder y, a ser posible, eternizarse en el mismo. Y para ello necesitan la ayuda de los partidos regionales, a los que consideran (o supongo que eso quieren creer) que pueden contentar con modificaciones por aquí y por allá, que suelen resumirse en eso que llaman federalismo (asimétrico o del otro). No han aprendido que esos nunca se sacian, nunca están contentos, nunca tienen suficiente.
Hace poco, los padres de la Constitución que siguen vivos (dos de los cuales son, directamente, unos impresentables) pasaron por el Congreso de los Diputados para dar su opinión sobre la reforma de la Constitución. Uno de ellos, Herrero de Miñón, rebajó las expectativas de reforma constitucional del PSOE. Y que lo haga precisamente ése, que es un mercenario de la peor especie, y resentido además, ya es significativo.
En cuanto a por qué en toda la entrada no he empleado el término Carta Magna, que suele usarse como sinónimo de Constitución… pues porque no me ha dado la gana y porque, además, creo que no es ajustado.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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