miércoles, 3 de abril de 2019

Mercancía defectuosa

La izquierda ha sido en todo tiempo y lugar y desde su, llamémosla así, más tierna infancia, nada más que un hatajo de vendeburras. Sólo que antes lo hacían con un poco más de estilo (por así decir). Repasemos algunos ejemplos.
Los fundadores del socialismo científico (que tiene de científico lo que yo de archipámpano de las Indias) fueron Marx y Engels. Marx era un burgués que vivió gran parte de su vida a costa de un amigo. Engels era ese amigo y, para remate, hijo de un industrial. Lo cual no les impidió pergeñar el Manifiesto del partido comunista, proclamar aquello de proletarios del mundo, uníos y engendrar ese truño ilegible (no, yo tampoco lo he leído… ni ganas) que es El Capital.
Avancemos un poco más de medio siglo. En Rusia ha triunfado la revolución bolchevique. Ha llegado, pues, la liberación de los oprimidos, el triunfo de la clase obrera y la dictadura del proletariado. Pero mientras tanto, y por si acaso, vamos a hacer que una élite escogida coja las riendas del poder… y viva a cuerpo de rey. ¡Qué digo! Ya querrían la asesinada familia imperial haber vivido así de bien.
El mismo esquema se repitió en los sucesivos paraísos de los trabajadores: el bloque soviético, la China de Mao, la Corea de los Kim, la Cuba de los Castro, la Camboya de los jemeres rojos, la Nicaragua de los sandinistas o la Venezuela del gorila rojo y el chófer de autocares. Unos paraísos en los que las fronteras no estaban para impedir que los de fuera accedieran al paraíso, sino para mantener a los de dentro, dentro.
En España, el PSOE ha ido encadenando una serie de eslóganes a cual más falaz: desde el de cien años de honradez (que, además de ser falso, propició estrambotes como y ni un minuto más o y cuarenta de vacaciones) al de Por el cambio. Los neocom, recién llegados a la política activa, se sacaron de la manga aquello de la sonrisa de un país, cuando lo que recordaba el rictus sardónico de los carteles era la risa de las (injustamente vilipendiadas) hienas.
Y llegamos al presente. Hace cosa de un mes, y tras su baja por paternidad (una baja sui generis, puesto que mantenía un ojo fijo en el desempeño de la calientacamas, presto a intervenir cuando consideró que hacía falta), el Chepas volvió a la primera línea de la política. Y lo hizo con un cartel en el que decía vuELve, resaltando ese él que, tan individualista, tan mal casa con una ideología en teoría colectivista. En cuanto arreciaron las críticas, se apresuraron a retirarlo… y a echar la culpa a los artistas del afiche, claro.
Luego siguieron con ¿te imaginas una España sin Podemos?, lo que fue casi peor: desde ¿dónde hay que firmar? hasta ya me gustaría, las chuflas fueron legión.
Y dctr Snchz se ha descolgado ahora con un eslogan para la campaña que dice haz que pase, estampado sobre su pétrea faz. Las risas ha sido generalizadas, pues somos muchos los que no sólo desearíamos que el sanchato pase de largo de una vez, sino que anhelamos que nunca hubiera pasado. La poco dotada (para el puesto) portavoz del Gobierno (actuando en funciones partidistas, para variar) ha intentado salir del paso diciendo que es algo que está inspirado en la película Titanic.
Ha sido casi peor, y desde las propias filas socialistas le han tenido que recordar cómo acaba la película
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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