sábado, 27 de abril de 2019

No me digas…

Uno puede estar a favor de la igualdad entre los sexos sin por ello declararse feminista. Es más, de hecho, lo que en la actualidad los progres entienden por feminismo viene a ser más bien hembrismo, esto es (y para simplificar), machismo sin pelotas y con tetas.
Quiero con ello decir que lo que las autoproclamadas feministas (como dijo Tywyn Lannister, un rey que anda proclamando todo el rato que es el rey no es verdaderamente un rey) propugnan es más bien un odio al varón. No por nada se las llama feminazis, tanto por su radicalidad sectaria como por la virulencia de sus manifestaciones y conductas.
Es por ello que me sorprende que algunos hayan tardado tanto tiempo en percatarse de lo que digo. Cuando uno lee que expertas en igualdad alertan de que el feminismo es un hipermachismo extremista, lo que epata no son las seis últimas palabras, sino más bien las seis primeras: no el hecho noticioso, sino el que sea considerado como una noticia. Es algo así como si leyera que expertos en gravedad alertan de que las manzanas caen hacia el suelo.
Lo que sí me ha sorprendido es que una mujer liberada, sin pelos en la lengua y además del mundo de la cultura (un mundo tan rojo tan rojo tan rojo que ayer mismo andaba pidiendo el voto para la izquierda) haya denunciado el victimismo del feminismo radical y afirme que pierden mucho el tiempo.
En cualquier caso, y como dicen los franceses… ¡viva la diferencia!
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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