Bajo la égida del psicópata de la Moncloa, España se ha dividido en dos bandos irreconciliables, como hace noventa años: uno que quiere a toda costa acabar con el otro (de momento, sólo políticamente), y otro que no está dispuesto a permitirlo.
En el primer bando está el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer. Esta banda de facinerosos
ha colonizado, o intentado colonizar, todas las instituciones y resortes de
poder, de modo que se aseguren la mayor impunidad y buscando la mayor
influencia. Y eso incluye los medios públicos de comunicación, donde la vocera
a sueldo del régimen espoleó a la ministra de Vivienda para que insistiera en intervenir la Comunidad de Madrid (hacerle un 155) por no aplicar su Ley
de Vivienda. Aunque ambas debieran saber que no pueden, porque ese artículo de
la Constitución se aplica por decisión del Senado, y en la cámara alta es el
Partido Popular el que tiene la mayoría absoluta.
En el segundo bando están los partidos de derechas y, en concreto, la presidente de la Comunidad de Madrid: la china en el zapato, el grano en el culo, la mota en el ojo… la que trae de los nervios a aquellos que no logran ganarla en las urnas y que buscan meterla en la cárcel.

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