Se supone que los llamados servicios de inteligencia están para averiguar las cosas que los demás países están haciendo cosas que quieren ocultar. Para espiar, en suma.
Incluso en estos tiempos de informatización,
drones y vigilancia ubicua, sigue siendo necesaria lo que el difunto Frederick
Forsyth llamaba humint, la inteligencia humana, los agentes de campo de
toda la vida.
Pero hay veces que uno se pregunta para qué
demonios existen, o a qué demonios se dedican, los servicios de inteligencia. Porque,
la verdad, leer que la inteligencia alemana alerta de que Rusia se está armando mucho más de lo que admite es sorprendente.
No porque Rusia se esté armando mucho más de lo que admite, no: eso ya me lo supongo, más que nada por la política exterior agresiva y belicista que está llevando a cabo. No, lo que me sorprenda es que haga falta un servicio de inteligencia para advertir de semejante cosa.

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